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Siguiendo un orden lógico, después de hablaros de la historia del aguardiente os queremos contar la historia del café y de las propiedades que tiene para nuestra salud.

EL CAFÉ

El café y el té son las bebidas más consumidas del mundo, y su popularidad se basa en lo mismo que las hierbas y especias: los materiales vegetales que los componen están repletos de defensas químicas que nosotros hemos aprendido a diluir, modificar y apreciar.

Los granos de café tienen tienen una gran defensa que es la cafeína, un alcoide amargo que tiene efectos significativo en nuestro organismo.

El café empieza siendo una semilla, un almacén de proteína, hidratos de carbono y aceites, y es un producto del calor intenso, un robusto concentrado de sabores tostados. Así pues, el café ofrece una experiencia de la inventiva botánica y el ingenio humano.

LA CAFEÍNA

La cafeína es la sustancia modificadora de la conducta más consumida del mundo. Se trata de un alcoide que interfiere con un sistema de señales concreto utilizado por muchas células diferentes, y por lo tanto tiene varios efectos diferentes en el cuerpo humano.

Por encima de todo, la cafeína:

  • Estimula el sistema nervioso central.
  • Alivia el sopor y la fatiga.
  • Acelera los tiempos de reacción.
  • Aumenta la producción de energía en los músculos, y por lo tanto, su capacidad de trabajo.

Efecto menos deseable:

  • En grandes dosis provoca inquietud, nerviosismo e insomnio.
  • Tiene complejos efectos sobre el corazón y las arterias, y puede provocar un ritmo cardíaco anormalmente rápido.
  • Existen indicios de que la cafeína acelera la pérdida de calcio en los huesos, por lo que el consumo habitual puede contribuir a la osteoporosis.

La cafeína alcanza su nivel máximo  en la sangre entre 15 minutos y dos horas después de consumirla, y sus niveles se reducen a la mitad después de tres a siete horas. Sus efectos son más notables en aquellas personas no acostumbradas a consumirla y los síntomas de abstinencia pueden ser desagradables, pero por lo general suelen desaparecer después de tres días.

CAFÉ Y SALUD

En la actualidad  se reconoce que él café es la principal fuente de antioxidantes en la dieta americana (los semitostados tiene la mayor actividad antioxidante).

Ciertos tipos cafés tienen un efecto indeseable sobre los niveles de colesterol en la sangre. Dos lípidos (sustancias similares a las grasas): el cafestol y el kahweol, elevan dichos niveles, aunque solo aparecen en el café cuando la técnica de infusión no los filtra. El café de puchero, el de cafetera de émbolo y el exprés los contiene. No se conoce bien la importancia de este efecto y puede que sea pequeña, ya que estos elevadores del colesterol van acompañados por una gran dosis de sustancias que protegen el colesterol de la oxidación que podría causar daños.

AGUA PARA HACER CAFÉ

Las infusiones de café tiene un 95-98% de agua, así que su calidad está muy influida por la calidad del agua empleada para prepararlas. Los sabores secundarios y los compuestos desinfectantes a base de cloro de la mayoría de las aguas de grifo se eliminan en gran parte al hervir. El agua muy dura (alcalina), con muchos carbonatos de calcio y magnesio, tiene varios efectos indeseables. En el café, esos minerales:

  • Retardan la extracción del sabor.
  • Enturbian la infusión.
  • Atascan los tubos de las cafeteras exprés.
  • Reducen la fina espuma del exprés.

El agua muy blanda extracta excesivamente el café y le da un sabor muy salado. Y el agua destilada muy pura proporciona una infusión que se podría describir como insípida, por faltarle una dimensión de sabor.

El agua ideal tiene un contenido moderado de minerales y un pH próximo al neutro, de modo que la infusión final tendrá in pH moderadamente ácido, alrededor de 5, ideal para mantener y equilibrar los otros sabores. Algunas aguas minerales embotelladas son adecuadas. Muchas aguas de grifo municipales se alcalinizan intencionadamente para reducir la acidez y la viveza del café muy tostado (los poco tostados aportan mucho ácido). El agua de grifo alcalina se puede corregir añadiendo pizcas de crémor tártaro hasta que empiece a tener un sabor ligeramente acido.